febrero 17 2021

Crianza: tres formas dañinas de educar que debes erradicar

Educar es una tarea compleja, que implica mucha responsabilidad. Te felicitamos por llegar hasta aquí porque significa que deseas fortalecer tus capacidades parentales.

Recuerda que nadie nace sabiendo cómo ser madre o padre, pero se aprende. Estas son algunas formas de crianza que debes evitar:

1. El autoritarismo

Cuando se imponen las cosas sin tener en cuenta al niño o niña, utilizando pautas violentas e impidiendo el protagonismo sobre su propia vida y el aprendizaje de sus recursos personales, ya que se genera miedo y sumisión. Se establece el orden y se anula la libertad, imprescindible para lograr el desarrollo pleno de la autonomía.

2. La sobreprotección

En el fondo, la sobreprotección es una forma disimulada de autoritarismo. Es cuando el adulto, para tranquilizarse y gestionar su propia inseguridad, impone una protección excesiva que las niñas, niños o adolescentes no necesitan (no les deja jugar, ni relacionarse, ni equivocarse en nada).

3. La permisividad

Cuando los límites que son imprescindibles para el desarrollo del niño desaparecen y se le deja hacer lo que quiera para no enfrentar una rabieta, por comodidad o dejadez. Permitimos la libertad, pero anulamos el orden imprescindible para la protección de las niñas, niños y adolescentes.

¿Cómo combatir estas formas dañinas de crianza?

La disciplina positiva permite erradicar formas dañinas de crianza, permitiendo una relación afectiva y firme al mismo tiempo. Para gestar esa relación, la condición imprescindible es la presencia de adultos conscientes, afectivos y sólidos. Y esta presencia solo es posible si:

a. Nos cuidamos a nosotros mismos. Cuidarnos no es egoísmo sino cuidar a las niñas, niños y adolescentes que tenemos a nuestro cargo. ¿Cómo podemos cuidarnos? Estas son algunas maneras:

  • Cuidando nuestra salud física.
  • Tomando tiempos de descanso.
  • Teniendo una red de personas para conversar.
  • Expresando nuestras emociones.
  • Buscando ayuda cuando sea necesario.

b. Trabajamos o criamos en red. Necesitamos el apoyo de otras personas que nos sostengan cuando enfermemos, nos sintamos tristes, desconcertadas o simplemente agotadas o cuando no sepamos cómo resolver una situación.

c. Ponemos consciencia en nuestra propia historia. Muchos adultos hemos sido criados con violencia, y estamos acostumbrados a ella, la vemos normal e incluso necesaria en muchos momentos con un niño, niña o adolescente. Si no podemos mirar al miedo y la tristeza que vivimos de niños y llevamos dentro, no podremos mirar el miedo de los niños, niñas y adolescentes que tenemos a nuestro cargo.

d. Demostramos FLEXIBILIDAD, parte imprescindible de una educación democrática y responsable:

  • Para ponernos en el lugar del niño, niña o adolescente.
  • Para adaptarnos a cada situación. No es lo mismo estar de vacaciones durante una pandemia, no es lo mismo la mañana que la noche cuando estamos cansados…
  • Para actuar de forma diferente en función de las necesidades de cada niño, niña o adolescente.
  • Para aceptar que no siempre tenemos razón y que hay distintas formas de ver las cosas y que la forma del niño, niña o adolescente puede ser tan válida como la nuestra. Eso no significa hacerles caso siempre, ni hacer lo que ellos quieran, pero sí respetar su visión como válida.
  • Para dejarles que experimenten sus razonamientos, que intenten probar las cosas y que vean las consecuencias naturales, que se equivoquen y que aprendan de ello. La flexibilidad ayuda a combatir las formas dañinas de educar.

Existen muchas herramientas que podemos incorporar como familias, una vez establecida esa relación afectiva, ese entorno de seguridad y esas pautas de consciencia.

Los recursos que describimos a continuación no son los únicos. Existen estos y muchos otros que las madres y padres son capaces de generar en cada momento, en la medida que conocen mejor a sus hijas e hijos.

Para evitar el autoritarismo:

Preguntar, escuchar activamente y validar los sentimientos: Es importante no juzgar ni descalificar los sentimientos de los niños, niñas y adolescentes, sean cuales sean. Ninguna emoción es errónea, lo que puede ser dañino es no manejarla bien.

Para evitar la sobreprotección:

Empoderar en vez de rescatar: Los adultos tendemos muchas veces a solucionar las situaciones a los niños, niñas y adolescentes, a rescatarlos dándoles una solución al problema. Pero la clave siempre es intentar que sean ellos quienes encuentren la solución.

Permitir que los niños experimenten las consecuencias naturales de sus decisiones: Todas las acciones en la vida tienen sus consecuencias naturales. Si intentamos evitarlas, impedimos el aprendizaje positivo de los errores y los aciertos y sus consecuencias. Si ese aprendizaje no lo realizan, los errores serán mayores y sus consecuencias más graves.

Para evitar la permisividad:

Supervisión: Debemos ser capaces de ir revisando los procesos de los niños, niñas y adolescentes, ayudándoles a enfocarlos bien, acompañándoles en el camino, no esperando al resultado final para evaluarlo como acertado o erróneo. Es importante estar presente en el camino, reconocer el proceso.

Fuente: Afecto, límites y consciencia. La disciplina positiva en los Programas de Aldeas Infantiles SOS (2020)