CON LOS PUÑOS CERRADOS
A más de quince días del terremoto que sucumbiera en la miseria a miles de familias peruanas, las necesidades siguen presentes: carpas, colchonetas, frazadas y pañales para los más pequeños son los primeros en una larga lista de prioridades que atender.
Catherine tiene aún los ojos cerrados, su piel color canela se percibe aún arrugada, sus puños cerrados dejan adivinar la defensa innata ante un entorno hostil. Hace muy poco perdió el resto de cordón que la había unido a su madre y luce sin vergüenza su recién estrenado ombligo. Catherine, hija de María Siguas, duerme bien durante el día y le roba el sueño a su madre por la noche. "Es por el frío señorita, el pañal se le enfría y llora por el frío" explica María. "No hay pañales y tenemos que acondicionarnos como podemos, aunque sea nuestra ropa como pañal, porque la niña se enfría y no puede dormir" nos reitera.
María forma parte de una de las 18 familias que se agruparon en el “mercadillo” del distrito “Salas Guadalupe”, luego del terremoto que los dejó en la calle el pasado miércoles 15 de agosto. A sus 21 años es madre de dos niñas, Catherine es la segunda, acaba de cumplir un mes de nacida y su llanto constante y desgarrador rompe la “intranquilidad” de la noche y de los apostados en carpas y esteras.
"Yo estaba con mi Catherine cuando comenzó el terremoto, mi otra hijita en la cocina con mi suegra. Tuve que salir corriendo, sin zapatos, sin chompa. Cuando vimos las luces encenderse en el cielo, como estrellas que caían, creímos que era el fin del mundo, que seguido de esto se iba a abrir el cielo y de allí iban a bajar los ángeles, luego nos dimos cuenta que nos habíamos quedado sin nada. Me dio mucho miedo por mis hijas".
"Mi esposo aún no regresaba del campo, creímos que le había pasado algo, felizmente no fue así, tuvimos que venir a vivir con mis suegros en esta carpa", María explica incrédula el cambio que dio su vida de un momento a otro. Su casa está en el piso, ahora convive con otras 17 personas en un mismo ambiente donde todos cocinan, lavan y duermen. Allí la ropa se tiende junta y los pecados también.
"Después del 'castigo' nadie nos ayudaba, no teníamos agua. Aún ahora, esta llega sólo por horas y hay que aprovechar para hacer todo. Cuando llegaron Aldeas Infantiles SOS, para nosotros fue una tranquilidad, por que hasta miedo daba de dormir acá. No podíamos ni salir a la esquina, porque temíamos que la gente nos robara lo poco que habíamos rescatamos del terremoto". Mientras habla, María atiende a Catherine, uno, dos pantalones y una chompita, la niña llora, tiene hambre y busca con ansiedad el pecho de su madre.
"Casi se me seca la leche por el susto y encima con el frío le daba cólicos a mi hijita. Al día siguiente del 'castigo' la llevé al Centro de Salud, por que se resfrió y tenía muy cerrada la nariz, Catherine no podía respirar bien. No quisieron atenderme solo emergencias me dijeron, menos mal que se recuperó mi hijita, por que si no ahorita1 la estaba velando como al niñito de la esquina, que murió a las horas de haber nacido..." María se calla... Un largo silencio llama la atención de su suegro, que yace tendido en un colchón cerca de ella, tiene la pierna enyesada, se cubre la cara con un periódico pasado, no quiere hablar, solo un mudo sollozo lo agita y se hace visible en el temblor de sus manos...
"Ahora todo está más tranquilo, estamos conviviendo con los señores de las Aldeas Infantiles SOS que les dan el desayuno a mis hijitas, claro que mi Catherine no lo come, pero lo hago yo, para mejorar mi leche, señorita, que al comienzo ni agua tenía, ya me iba a secar". La vida sigue adelante y María tiene que ir a tender los pañales de Catherine, está muy cansada, el día es corto para todo lo que tiene que hacer, la noche será muy larga y muy fría con su pequeña hija en brazos.
"Felizmente hoy no hay luna, no hará tanto frío, espero poder dormir mejor", nos comenta, mientras Catherine agita los puños cerrados, como si quisiera defenderse, como si quisiera ahuyentar al fantasma del `castigo´ que una noche, como cualquier otra, las dejó a la intemperie y el frío...
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